Lo que una fan de Luis Miguel hace antes de un concierto

Hay personas que creen que un concierto empieza cuando se apagan las luces.

Qué ternura.

Un concierto de Luis Miguel empieza mucho antes. A veces empieza con un rumor en un chat, con un “chicas, creo que se viene algo”, con una captura borrosa de una posible fecha, con una página que no carga, con una preventa que pide código como si estuviéramos entrando a la caja fuerte del Banco Central.

Empieza cuando alguien dice: “¿Tenéis el código?”
Y ahí ya no somos fans. Somos investigadoras privadas con WiFi, uñas mordidas y el corazón haciendo spinning.

Los chats se convierten en centros de operaciones. Hay quien revisa la web oficial, quien llama a una amiga que conoce a alguien que una vez compró en esa plataforma, quien compara mapas de estadios como si estuviera diseñando una estrategia militar. Porque no es lo mismo estar “cerca” que estar cerca. Y una fan lo sabe. Una fan distingue una fila 1 real de una fila 1 con trampa. Una fan mira el escenario, los laterales, la pasarela, la orientación de las sillas y hasta la dirección en la que probablemente girará el micrófono.

Después viene la parte económica, que merece capítulo aparte. Porque claro, una entrada no viene sola. Viene con viaje, hotel, comida, transporte, imprevistos, y ese pequeño detalle llamado “quiero ir a más de uno porque ¿y si en el siguiente canta esa canción que en este no cantó?”. Entonces una empieza a hacer cuentas con la seriedad de una ministra de economía, pero con el alma de una adolescente enamorada del sol.

Se recorta de aquí, se mueve de allá, se aplaza algo, se inventa una fórmula, se hace magia con la tarjeta, con Bizum, con los ahorros, con la fe y con la frase más peligrosa del universo fan: “Total, la vida es una”.

Y luego está el outfit.

Porque no, no nos vestimos “para ir a un concierto”. Nos vestimos para vivir una escena que después vamos a recordar durante años. Pensamos en la ropa, en los colores, en si algo brilla demasiado o no brilla lo suficiente. En si se verá bien en una foto, en si será cómodo para estar horas de pie, en si ese pantalón nos deja respirar cuando empieza “La Bikina” y se nos desordena la presión arterial.

Y el calzado. Ay, el calzado. Ese enemigo disfrazado de glamour.

Queremos estar divinas, pero también queremos sobrevivir. Porque una puede amar profundamente a Luis Miguel, pero si los pies empiezan a pedir auxilio antes de que él salga al escenario, la épica se tambalea. Así que ahí estamos, entre la sandalia bonita y la zapatilla sensata, intentando encontrar ese punto medio entre “estrella de videoclip” y “mujer que necesita volver caminando al hotel”.

Después viene el perfume.

Ese gesto íntimo, casi secreto. Porque una fan también se prepara desde los sentidos. El perfume no es un detalle menor. Es una cápsula del tiempo. Es el aroma que después quedará asociado a ese día, a esa ciudad, a esa noche, a esa canción. Una se perfuma como quien escribe una carta invisible. Como quien dice: “yo estuve aquí, en este momento, con todo mi corazón puesto”.

Y el móvil, por supuesto. El móvil es una extensión del alma fan.

Batería cargada al cien por cien. Batería externa. Cable. Segundo cable por si el primero decide morir justo cuando empieza “Entrégate”. Espacio libre. Galería limpia. Brillo ajustado. Modo avión no, porque hay que mandar señales de vida al grupo, pero cuidado con gastar batería antes de tiempo. El móvil se convierte en una herramienta sagrada: sirve para grabar, para llorar después, para compartir, para demostrar que ese gesto ocurrió, que esa mirada existió, que ese segundo no fue producto de nuestra imaginación con exceso de azúcar.

Porque sí, luego recordamos los conciertos con pelos y señales.

No decimos simplemente “fui al concierto de tal ciudad”. No. Decimos: “Ese fue el concierto en el que se puso a pasar el mocho por el escenario”. O: “Ahí fue cuando se sentó en el altavoz”. O: “Ese día hizo un gesto raro, como que le dolía la cadera”. O: “En esa canción miró hacia la derecha justo antes del estribillo”. O: “Ese día estaba especialmente juguetón”. O: “Ese día la voz le salió como recién planchada por los ángeles”.

Tenemos un archivo mental que ni la NASA. Fechas, trajes, gestos, bromas, silencios, miradas, movimientos de mano, cambios en la voz, sonrisas mínimas, pasos más lentos, respiraciones distintas.

Y no es obsesión barata. Es atención amorosa.

Es estar pendiente porque sabemos que cada concierto es único. Aunque cante la misma canción, nunca es la misma canción. Aunque el traje parezca el mismo, nunca cae igual la luz. Aunque el repertorio se repita, siempre hay algo: una pausa, una risa, una nota, un giro, una mirada de esas que dejan a medio estadio preguntándose si sigue respirando.

Una gira de Luis Miguel no se vive solo el día del concierto.

Se vive antes, durante y después. Se vive en los chats, en los audios acelerados, en los “¿qué me pongo?”, en los “¿alguien sabe a qué hora abre puertas?”, en los “chicas, llevad batería”, en los “no puedo más, necesito que llegue ya”, en los “me he gastado lo que no debía, pero soy feliz”.

Se vive en esa especie de vacaciones mentales que empiezan cuando aparece la primera fecha y terminan mucho después del último aplauso. Porque durante una gira una intenta seguir con su vida normal, claro. Trabaja, compra pan, responde correos, hace llamadas, paga facturas. Pero en alguna habitación secreta de la cabeza hay una palabra encendida todo el tiempo:

CONCIERTOS.

Y esa palabra lo invade todo.

De pronto una ciudad ya no es una ciudad: es “donde lo voy a ver”. Un vestido ya no es un vestido: es “el que me podría poner esa noche”. Un perfume ya no es un perfume: es “el que quiero llevar por si el universo se despista y me regala un abrazo”. Una batería externa ya no es un aparato: es una garantía emocional.

Porque ser fan también es eso: preparar el cuerpo, el bolsillo, la agenda, el corazón y hasta la memoria del móvil para un momento que sabemos que se irá volando, pero que después vamos a guardar como se guardan las cosas importantes: con detalle, con gratitud y con una sonrisa tonta que aparece sin pedir permiso.

Un concierto de Luis Miguel no es solo música.

Es previa, estrategia, ilusión, nervios, outfit, perfume, zapatos, chats, códigos, ahorros, vídeos, amigas, miradas, señales, canciones y una felicidad muy difícil de explicar a quien nunca sintió que una voz podía ordenar el mundo por un rato.

Y cuando termina, cuando se encienden las luces y una vuelve caminando con los pies destrozados, el móvil temblando de vídeos y el corazón haciendo ruido, ya sabemos lo que viene.

Volver al chat.

Mandar el primer mensaje.

Decir: “Chicas… ¿habéis visto lo que hizo en tal canción?”

Y empezar, sin darnos cuenta, a prepararnos para el próximo.

Comments

10 respuestas a «Lo que una fan de Luis Miguel hace antes de un concierto»

  1. Avatar de Lidia
    Lidia

    ¡Que bonito lo has explicado!
    Me ha encantado, lo que describes es la verdad, es una ilusión tremenda antes, durante y después de cada concierto.
    Aunque yo añadiría que cuando ves que se está acabando el concierto la alegría se convierte por unos minutos en tristeza, en llanto, porque termina…. porque no quieres que acabe, ojalá durará eternamente….

    1. Avatar de veritomonetta

      Muy buena aportación, escribiré uno sobre el después!! Buena idea Lidia

  2. Avatar de Israel Diego Vázquez
    Israel Diego Vázquez

    Esa misma sensación,esos mismos sentimientos los viví cuando fui a verlo hace dos años,fue una experiencia que no tengo palabras para describirlo,verlo en el escenario,es algo que no lo puedes creer,estar cerca del sol hasta la piel se te eriza,lo vivido puedo decir que puedo morir en paz,un abrazo amiga y gracias por compartirnos todas estas experiencias,desde Monterrey México hasta mi amada Argentina 🇦🇷

    1. Avatar de veritomonetta

      Desde España un abrazo gigante!!!

      1. Avatar de Rosa Maria Gudiño
        Rosa Maria Gudiño

        La emoción y el netvio de prepararse para un show cada elemento que vamos a necesitar.
        El estar en la fila número 1000- 2000.
        Y principalmente ver en las fechas si está tu ciudad en la lista de presentaciones.
        Todo eso y mas vive una fan antes de estar esperando a que salga ese sol hermoso que hará brillar la noche

  3. Avatar de Marianela
    Marianela

    Querida Verito, gracias por transmitir tantas emociones, has dicho la pura verdad, felicidades por tu escrito tan bello.

    un abrazo desde Chile
    Marianela

    1. Avatar de veritomonetta

      Mil gracias Marianela!!!! Besotes

  4. Avatar de M. Candela Fernández
    M. Candela Fernández

    Querida Verito:
    Que gran placer es leerte siempre, es un mimo al alma… son tan exactas tus palabras hacia Nuestro Sol, hacia cada fan, que como siempre te digo, nos representas como pocas al expresarte porque artista hay uno solo y se llama «Luis Miguel», el resto, no cuenta.
    Cada momento es único, antes, durante y después de cada presentación. Solo quienes somos fans podemos entender lo que se siente, el corazón explota de felicidad, nervios, ansiedad y cuanta emoción anda dando vueltas por ahí, se nos pega.
    Un gran abrazo desde Mar del Plata, Provincia de Buenos Aires, Argentina.

    1. Avatar de veritomonetta

      Nos entendemos perfectamente!!! Besos

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