Historia real, de hoy mismo

Hoy estoy un poco rabiosa.

Rabiosa sería la palabra exacta, aunque tampoco quiero ponerme dramática porque, en el fondo, también paso bastante. Es como una rabia con chanclas. Una indignación que se sienta, cruza las piernas, mira la escena y dice: “Mira, querida, tampoco nos vamos a despeinar por esto”.

Resulta que hoy se despedían las chicas de prácticas de una de las empresas del coworking y habían quedado para ir a comer. No estaba decidido el lugar. Primero sonó un chino. Luego un japonés. Después bares. Opciones iban y venían como servilletas en una terraza con viento.

Yo, en principio, no iba porque tenía una sesión de fotos. Xavito sí que pensaba ir con ellas. Y claro, como no comemos carne, se trataba de mirar un poco las opciones, adaptarnos y ya está. Nada del otro mundo. No pedimos que el universo se convierta en una huerta ecológica con mantel de lino. Solo comer algo que no haya tenido ojos, patas o madre.

Finalmente, mi sesión se canceló por mal tiempo y dije que me unía.

Algarabía total.

Parecía que les encantaba que fuera. Casi faltó que desplegaran una alfombra roja de las que se arrugan en las esquinas. Yo, feliz, porque siempre me ha parecido que lo importante de quedar a comer no es tanto el menú, sino la compañía. Una puede comer una ensalada triste, un espárrago solitario o un plato de patatas con cara de lunes si la mesa tiene cariño, conversación y ganas.

Pero casi a la hora de comer, una de ellas me comenta que habían pensado en ir a un restaurante donde sabían que había opciones vegetarianas. Yo dije que sí, que perfecto.

Y entonces llegó la frase.

Esa frase que entra con zapatos sucios en una habitación recién fregada.

Una de ellas había dicho:

“Yo quiero ir al chino, y si ellos vienen, que coman arroz blanco”.

Ahí empezó mi desencanto.

No por el chino. No por el arroz. Ni siquiera por tener pocas opciones. Porque, de verdad, si no me hubieran contado las internas de la elección del restaurante, yo habría ido igual. Habría comido lo que hubiera, aunque fuera un espárrago en posición fetal, una hoja de lechuga con depresión o tres granos de arroz haciendo una reunión de emergencia en el plato.

El problema no era la comida.

El problema era la frase.

Ese “que coman arroz blanco” tenía menos empatía que una piedra con prisa. Era pequeño, pero pinchaba. Como esas etiquetas de la ropa que no se ven, pero te van raspando toda la espalda.

Y entonces decidí no ir.

En principio, por no incomodar. Por no ser la causa de un cambio de planes. Por no convertirme en esa persona alrededor de la cual todos tienen que reorganizar la carta, la mesa y hasta el calendario lunar.

Pero, siendo honesta, también decidí no ir porque algo se me apagó.

Hay mesas que invitan, aunque el plato sea humilde. Y hay mesas que, aunque tengan mantel, salsa agridulce y rollitos de primavera, te dejan fuera antes de sentarte.

Siempre he pensado que compartir comida es un acto más grande que comer. Es un pequeño pacto. Una forma de decir: “Te tengo en cuenta”. No hace falta que todo gire alrededor de mí, ni muchísimo menos. Pero entre girar alrededor de alguien y mandarlo a comer arroz blanco hay un camino entero, con farolas, bancos y hasta rotondas.

Así que me quedé en mi despacho.

Me comí mis lentejas con mi Xavito.

Y disfruté de la mesa.

Porque esas lentejas tenían más amor que cualquier banquete elegido sin cuidado. Sabían a casa, a refugio, a decisión tranquila. Sabían a no forzarme a estar donde mi presencia ya venía con una nota al pie.

Quizá alguien pensará que exagero.

Puede ser.

Pero una aprende, con los años, que no todo lo que parece pequeño lo es. A veces una frase es un plato. A veces un comentario es una silla. A veces una falta de empatía es una puerta cerrándose con suavidad, sin portazo, pero cerrándose igual.

Y yo hoy elegí no sentarme donde mi diferencia se convertía en molestia.

Porque se me hubiera atragantado cualquier tipo de chop suey entre la garganta y el corazón.

Comments

12 respuestas a «Historia real, de hoy mismo»

  1. Avatar de Veronica
    Veronica

    Hay querida, entiendo tu enfado perfectamente. En mi caso soy celiaca, yo no decidí no comer gluten, y tampoco me tienen en cuenta. Me ha pasado de ir a reuniones que cada uno llevaba algo y no habla absolutamente nada para mi, restaurantes que solo puedo beber porque no hay nada para mi. En fin…cero empatia

    1. Avatar de veritomonetta

      Sí, aunque mi preocupación no es comer, pero la frase «que coman arroz blanco» fue determinante. Te entiendo Vero.

  2. Avatar de Fuensanta Arias Rodríguez
    Fuensanta Arias Rodríguez

    Hola Verito , sabes , yo hubiera echo exactamente lo mismo que tú !! Y te doy mi enhorabuena , porque es eso no es comer ! Es estar y pasar un buen rato , y la comida para mí es menos importante , así que hay te has REVALORADO , para mí ….. Y seguro que encima las Lentejas te han dado una buena dosis de HIERRO , y una buena compañía Xavito así que CHAPO POR TI ……

    1. Avatar de veritomonetta

      Gracias Fuensanta, cada vez estoy más reafirmada con esas cosas, y esas decisiones te dejan chof unos minutos, pero luego sabes que lo hiciste bien.

  3. Avatar de EVA BELTRAN CHABRERA
    EVA BELTRAN CHABRERA

    Cuando el menú es más importante que los comensales, lo que sobra es la reunión. Hiciste muy bien. Yo, cuanto mayor me hago, menos tiempo me queda de vida, por lo cual es vital para mi destinar mi tiempo a gente que me aporta (y cuando hablo de aportar, no hablo de cosas, sino de risas, amor, empatía y buen rollo)

    1. Avatar de veritomonetta

      Tal cual querida Eva, lo que sobraba era la reunión, suscribo.

  4. Avatar de Olga Carlota Gutierrez
    Olga Carlota Gutierrez

    Hola Verito!! Realmente me hiciste llorar!! Tengo afinidad en todos los sentidos hacia tus palabras, y te entiendo perfectamente porque pasó por una situación similar soy gluten-free mi hija es gluten-free y y también alérgica a la lactosa así que te entiendo perfectamente cuando eres bienvenido en una casa! Cuando te hacen un pastel exclusivamente para ti! Por qué te quieren porque te entienden! En este mundo que no existe la afinidad hacia los demás y esos son los pequeños detalles que hacen la diferencia! Cuando te sientes a cobijado entendido aunque sea con frijoles, o como dices tú tres granos de arroz reunidos en el plato!! Eso es lo que llamamos amor! 🧡
    “ por qué no importa el alimento que está en el plato, lo que importa es decir el alimento del alma””

    1. Avatar de veritomonetta

      Gracias por la empatía y el respeto querida Carlota!!!

  5. Avatar de Patry
    Patry

    Ayyy Verito,te entiendo perfectamente qué frase tan fea , pero seguro que de la persona que la oíste tampoco se puede esperar nada más, ya bastante tendrá con aguantarse a ella misma cada día, guapísima lo mejor pudiste hacer es quedarte con lo bueno, tus lentejas, Xavito y comer en la mejor y más querida compañía, un beso muy grande y un guiño de ojos, la edad nos da sabiduría.

    1. Avatar de veritomonetta

      Mil gracias por tus palabras

  6. Avatar de M. Candela Fernández
    M. Candela Fernández

    Verito te felicito porque con tu sabia decisión, la que primero se respetó, fuiste tú.
    Cuando no nos damos el valor que tenemos, no podemos pretender que el resto de las personas lo hagan por uno.
    Una de las cosas más importante es saber que con las personas que nos reunimos, nos sintamos a gusto mutuamente, porque tenerse en cuenta, forma parte del amor o valor que nos seguimos brindando con el correr del tiempo. Ahí es donde, con los años, cada vez valoramos más esos pequeños gestos que hacen que las amistades/vínculos valgan la pena nuestro tiempo y dedicación.

    1. Avatar de veritomonetta

      Cada vez menos filtros Candela
      Gracias

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