Vas a comerte el mundo, así como te comes las manzanas cuando recién caen del árbol, como la última cucharada del arroz de los domingos preparado por tu madre.

Olvidarás las palabras que critican tus momentos, e ignorarás las espaldas de quienes no quieren darte la cara.

Te alejarás de quienes no te aportan, sus miradas, sus propuestas, su desafinada sintonía que no encaja en tu pentagrama. Harás una digestión imaginaria lenta, para que puedas deshacerte de ellos con una inteligente despedida.

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Aprenderás de las voces cariñosas que suenan como un violín interpretando el Spring de Vivaldi, saborearás su timbre y lo utilizarás, tu tono se dulcificará y ejecutarás sus melodías positivas.

Vivirás la naturaleza, no permitirás que nos la quiten, que jueguen con ella. Te empaparás de lo que le hace bien y esparcirás una lluvia fértil para que no desaparezca. Jugarás a mantenerla con vida para que ella haga lo mismo contigo.

Protegerás a los que no tienen voz para hacerlo, defenderás a aquellos que necesitan hacer valer sus derechos, esos a los que esta puta humanidad les falta tanto el respeto.

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Intentarás ser menos humana y más persona, repetirás millones de veces que no eres más que ninguna otra especie del planeta y vivirás una vida en la que todos los que te rodean tengan las mismas posibilidades, al menos lo intentarás.

Mi lalolilolalolailoleré es para ti, para mi, para todos aquellos que se plantean una vida mejor. Para los restaurantes que han colgado un cartel de animal friendly, para los que ya conocen el significado de la palabra #vegan. Para los amantes del deporte, esos que me ayudaron para que hoy me haya apuntado al gimnasio. Para los que alguna vez, me han escrito un WhatsApp solo para saber cómo estoy. Para los que saben vivir y dejan vivir a los demás.